Jóvenes, aunque sobradamente dependientes

En la década de los ochenta, principios de los noventa un nuevo término irrumpió en la cultura popular; fueron los llamados J.A.S.P o Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. Hacía referencia a los veinteañeros, universitarios, altamente cualificados que se incorporaban a las empresas dándole un nuevo impulso y un aire fresco a una estructura anclada en el pasado.

Los tiempos de estos post-adolescentes con ganas de comerse el mundo parece que se han quedado obsoletos, y los nuevos tiempos nos han traído un nuevo tipo de individuos: de los J.A.S.P, pasamos a los J.A.S.D: Jóvenes Aunque Sobradamente Dependientes.

La primera toma de contacto con los J.A.S.D fue al escuchar una tertulia radiofónica. En el debate, una de las contertulias hizo mención a un hecho que me llamó poderosamente la atención: comentó que varios profesores universitarios se le habían quejado que a la revisión de los exámenes venían alumnos (insisto jóvenes que estaban estudiando una carrera) con sus padres (insisto y recalco: PADRES) para discutir el aumento de unas décimas en su puntación final. Al principio le hice caso nulo a esta noticia, pensaba (iluso de mi) que se trataba de una especie de moda pasajera, geolocalizada en un área concreta, que tendría un recorrido tan corto como bochornoso… que errado estaba.

Como quién no quiere la cosa fui descubriendo noticias, artículos, comentarios en la televisión que confirmaron que la moda no era tal, de hecho se estaba transformando en tendencia atemporal que ha llegado para consolidarse. Además de las revisiones de exámenes con supervisión parental (que con eso ya es suficiente para quedarte la cara de tonto) se suma la prohibición de algunos campus universitarios de Estados Unidos (país que marca tendencia en muchos aspectos) de vetar el acceso de padres a las residencias universitarias ya que, por lo visto, los muy honorables caballeros se estaban enzarzando en peleas para que sus crías (recordemos de 18, 20 o 22 años) pudiesen tener la mejor habitación.

La irrupción de los padres en las universidades ha sido un pequeño avance hacia la decadencia, pero no el último. El siguiente paso sido la presencia en los papás del candidato en el proceso de selección, no hablo de ir acompañado por ellos a las entrevistas, hablo de que son ellos quienes llaman enfurecidos demandando explicaciones y respuestas de por qué sus vástagos no han sido los seleccionados para trabajar…tal cual.

El intentar encontrar una respuesta al por qué de esta situación la dejaré en manos de sociólogos o psicólogos que, seguro, les podrán ofrecer una visión más empírica de está realidad, lo único que les puedo expresar es la pena y la desilusión por lo que pudo haber sido y desgraciadamente no es ni será.

Ante estas noticias uno no puede más que volver la vista atrás y recordar, no sin cierta nostalgia cuando los jóvenes eran los que tenía que comerse el mundo, alcanzar las metas y aprender a caer y a levantarse sin el halo protector de sus padres. Una lástima, esperemos que la próxima generación sea quién de salvarse por sí sólos.

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