Cerebros en fuga

Los mejores se van, pero eso no tiene que ser una novedad para nosotros. En el fondo es algo coherente, si hay una mente brillante, lúcida, vivaz, capaz de ver más allá poco sentido tiene que siga aquí, mendigando un salario y unas condiciones que no está acorde a sus capacidades. Lo lógico sería que se vaya a dónde puedan satisfacer sus inquietudes; no tiene otra explicación.

Que los cerebros se fuguen nos cuesta mucho, no sólo en términos económicos (tanto por el dinero invertido en ellos, como por el dinero que dejarán de generar) sino también en términos sociales: una crisis global no la solucionan los mediocres que se quedan, la resuelven los brillantes, eses que han optado por el exilio.

Analizando los flujos migratorios nos encontramos con datos curiosos. Por un lado están los españoles, griegos, polacos y rumanos que se fugan hasta Alemania para mejorar sus condiciones; por otro lado vemos como alemanes hacen las maletas hacia Suiza y Austria para saciar sus inquietudes (sí, en el país de la ambrosía y las calle de caramelo también se fugan) y finalmente encontramos que cerca de 300 jóvenes británicos abandonan a diario las islas para tener una oportunidad.

Nuestra misión como gestores de talento es retener a estos cerebros, atarlos a nuestra organización, conseguir que den lo mejor de si mismos. Trabajo difícil. Por mucho tiempo, creatividad o esfuerzo que le dediques hay una gran barrera que siempre estará ahí: no podemos mejorar las condiciones del trabajo, ni las salariales, ni la calidad de vida vinculadas al trabajo; no podemos competir con las todopoderosas locomotoras mundiales, esas que como carbón para sus motores emplean la genialidad de nuestros talentos para impulsar su economía que a su vez le permite atraer a los mejores.

Volvemos a encontrarnos con la pescadilla que se muerde la cola, volvemos a caer en el círculo vicioso. Una vez caídos en este pozo la única esperanza que nos queda será que en tiempos venideros, cuando despertemos de esta pesadilla, a los mejores les dé por volver: sigamos soñando. Para crear un ambiente adecuado para que retornen tienen que darse una serie de condiciones que difícilmente podremos establecer como duraderas, desde generar recursos, dinero y sobre todo un apoyo social que aquí, en el país del “que inventen ellos” y del “muera la inteligencia”, es difícil que fructifique.

Si pudiese aportar soluciones lo haría, pero no se me ocurre como abonar este terreno yermo; quiero creer que existe una solución y que de una vez ayudemos a dinamitar esta situación, a que entre todos, consigamos matar a ese Saturno que no hace más que devorar nuestro talento.

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