Un único contrato… para emplearlos a todos

Estamos de rebajas imaginarias; el Gobierno ha ideado una mágica reducción de contratos laborales sobre el papel. A partir del uno de enero, sólo existen en teoría cuatros tipos (indefinido, duración determinada, para la formación y en prácticas) pero si empezamos a escarbar, descubriremos que se trata de una capa de maquillaje: aún existen cuatro docenas de contratos diferentes en nuestro ordenamiento laboral.

La reducción del número de contratos es una vieja reivindicación de diferentes organismos: la comisión europea (en boca de su comisario de Empleo), la CEOE, los sindicatos… pero ya se sabe, en este país tenemos un ADN que nos obliga a complicar las situaciones más simples como es la constitución de un acuerdo entre trabajador y empresario por el cual el primero cede su fuerza de trabajo a cambio de una remuneración.

Contrato de relevo, fijo-discontinuo, eventual por circunstancias de la producción, en prácticas, en formación…nos complicamos de forma gratuita. Debemos puntualizar, eso sí, que nuestro sistema legislativo es muy garantista (cosa que se agradece conociendo ciertos comportamientos empresariales), pero tanta garantía genera mucha desigualdad entre los trabajadores: mucha protección y cuidado para los trabajadores indefinidos, poca o ninguna para los trabajadores temporales.

Entiendo perfectamente que la creación de un contrato único es compleja: los sindicatos apuestan por un contrato indefinido para todos los trabajadores con una indemnización variable dependiendo del tiempo de trabajo, la patronal apuesta por una negociación directa entre trabajador y empresario (lo que genera cierta indefensión si lo comparamos con la negociación colectiva)

¿Entonces cómo se puede hacer? Sinceramente, no tengo ni idea. No sé cómo se puede crear un contrato único y que características deben tener para que satisfaga (o no incomode mucho) a cada una de las parte implicadas, que no vaya en contra de la legislación laboral vigente ni sea declarado inconstitucional. Lo que sí sé es que, por lo menos, se tendría que intentar.

Por una parte los empresarios buscan facilidades para contratar trabajadores y que esta facilidad vaya unido a una flexibilidad contractual: las necesidades laborales y la carga de trabajo no es lo mismo en determinados momentos del año. Por otro lado, los empleados (como parte más vulnerable de la relación contractual) buscan protección y estabilidad frente a las fluctuaciones.

La solución no es sencilla, y menos barata, pero creo que es un problema que se debe debatir ya (llevamos años de retraso). Contrato único, con limitaciones para evitar el abuso, facilidades para adaptarse a las situaciones y un sistema público de protección para los trabajadores en caso se desempleo (que no sólo incluyan prestaciones, sino también ayuda eficiente para buscar trabajo y unos Servicios Públicos de Empleo que hagan más que estadísticas para el INE), en otras palabras; apostar por la Flexiguridad y el modelo austriaco.

Estas fórmulas se han mostrado eficientes en otros países con tasas de paro irrisorias, nosotros no somos ni mejores, ni peores, más o menos somos iguales y tenemos un gravísimo problema social que parece, que estamos tardando en hacerle frente cara a cara.

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