No lo llames picaresca, llámalo fraude

Qué tiempos aquellos en los que todos nos podíamos sentir chorizos por un día, en los que conseguíamos una beca falseando datos, cobrábamos una prestación que no nos correspondía, adquiríamos una licitación no del todo ajustada a derecho… ¿y si nos pillaban? ¡Ah!, si nos pillaban no había problema, es la picaresca española; ese savoir-faire que está tan agarrado a nuestros genes como se agarran los parásitos a la piel de las vacas. Beatus Ille, aquí paz y después gloria.

Como soñó el faraón bíblico, llegaron los años de vacas flacas. Una hostia de realidad para un país que se creía poderoso, un disparo al centro de nuestro sentido común. Despertar cuando estábamos soñando dolió, vaya si dolió. Un desagarro en nuestras tripas, un filo helado deslizándose por nuestra maltratada conciencia. Podía ser el principio de un cambio, pero ¿para qué?… que cambien los otros, nosotros somos los pícaros, eses que no tienen otro fin en la vida que robarle la comida al cabrón del ciego.

Les voy a contar un cuento o una historia basada en hechos reales, como ustedes vean. Es la historia de una empresa, la cual llamaremos X, más que nada porque mi presupuesto de parado de larga duración no me permite meterme en juicios ahora. Una historia de una organización con problemas (como otras tantas), una organización con pérdidas económicas (como otras tantas), una organización que recurre a hacer un E.R.E. (como otras). Lo sé, de momento este relato poco o ningún valor le aporta a usted como lector, pero no pierda la esperanza.

PícarosEste E.R.E (no fue un expediente de extinción), supuso escupir al paro a un porcentaje elevado de trabajadores. Un drama, pensará usted, que es lo mismo que pensaba yo hasta que me contaron un detalle interesante. El número de trabajadores se vio reducido a ojos de la Seguridad Social y los Servicios Públicos de Empleo, pero no a ojos del común de los mortales, que postrado a puerta de la empresa, descubre, no sin extrañeza, que seguían acudiendo a la fábrica los mismos empleados que antes del expediente. ¿Y eso? Eso querido amigo se llama fraude, desde el punto de vista de quien lo denuncia; picaresca desde el punto de vista de quien lo realiza.

En otras palabras, empresa con problemas económicos anuncia un E.R.E, despide a sus trabajadores y les abona la indemnización (sobre el papel). En realidad, realiza un falso E.R.E. , todos sus trabajadores continúan desempeñando sus funciones, salvo por un pequeño detalle, el salario de los mismo es abonado vía prestaciones de desempleo, esto es, por usted y por mí. El juego los sale redondo: los trabajadores siguen cobrando, la empresa se ahorra seguros sociales, dinero y otro tipo de obligaciones laborales. Bendita picaresca.

Ahora es cuando nos invade las reflexiones jurídicas. ¿De quién es la culpa? Del parado, por participar en el fraude (si en el horizonte está la promesa de reincorporación en la fábrica, yo también me lo pesaría), de la empresa (si lo hace es porque tiene la convicción de que le rodea un halo de impunidad, quién no se animaría), de la administración por no actuar (es imposible que esté en todos sitios en todo momento, y más aún con la reducción presupuestaria en todos sus campos)… yo opto por echarle la culpa a la picaresca, que es muy ibérico.

Esta historia (me aseguran que real), no es más que un espejo de nuestra sociedad; en el lugar en dónde al fraude se le denomina picaresca, en dónde al ladrón se le tiene afecto. La sociedad está muerta, pero porque todos y cada uno de nosotros nos empleamos en matarla.

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