Las sandalias del pescador

El Papa se fue. Un día por la mañana decidió que ya no estaba preparado para afrontar los retos que se le planteaban y decidió dejar la sede vacante. No se confundan, no quiero, ni puedo realizar un análisis teológico de esta situación, más que nada porque no creo que mi opinión importe. Sólo quiero transmitir algo que me llamó la atención.

Llegar a Papa no es fácil, bueno, llegar a ser el CEO de cualquier organización no es sencillo. Tras años de formación rigurosa, consigues entrar en la empresa, generalmente como becario. Te esfuerzas, haces bien las cosas, procuras ampliar tus conocimientos por libre hasta que un día deciden ascenderte. Enhorabuena, ya eres ayudante del ayudante del subdelegado del subdepartamento de compras para el noroeste. Tus labios ya empiezan a saborear la ambrosía. Y entonces empieza una larga travesía: noches sin dormir, sacrificios personales, crisis laborales, discusiones, tensiones, informes… y alcanzas la cima.

Cuando aprendes a ver la vida desde lo alto de la pirámide, cuando te acostumbras a respirar el aire más fresco y más puro; te percatas que una amenaza se empieza a cernir sobre tu desempeño: la incompetencia súbita. No eres capaz de adaptarte a los cambios del entorno. Lo primero que harás será negarlo; pero cuando empieza a existir una reiteración en los errores, te empiezas a preocupar. Tú, el jefe, te sientes perdido y nadie te ha enseñado como poder resolverlo.

Pero eres un sujeto inteligente, sino no estarías en dónde estás, y empiezas a reflexionar sobre el asunto. Intentas que no se note, pero cada vez tardas más tiempo en subsanar tus errores, y eso tus subordinados se percatan. Los resultados ya no son los que eran y te sientes incapaz de manejar tan magna empresa. No puedes más.

Así que un día, por la mañana temprano y sin que nadie lo espere, dices a tu consejo de administración que tiras la toalla. No das muchas explicaciones, pero todos saben el motivo. Lo que tenía que ser un fin tranquilo, empieza a superarte; llegan voces sobre tu cobardía, sobre tu inutilidad, sobre tu forma de hacer las cosas…pero optas por el silencio.

Las sandalias del pescador

Te vas feliz, no sólo por el camino recorrido, sino porque, en el fondo, sabes que acabas de tomar la decisión más difícil de tu vida. Has admitido que no puedes más, y eso, querido lector, es lo más difícil que cualquier profesional puede llegar a admitir.

Benedicto se fue. Nos puede caer mejor o peor, pero lo que sí tenemos que admitir, es que la decisión tomada ha sido, sin lugar a duda, una de las más arriesgadas de su vida.

 

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