Historia de dos contratos

 

Tal y como escribió Dickens, podríamos decir que se trataba del mejor de los tiempos, o del peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Eran (y son) dos épocas distintas, dos economías distintas y, sobre todo, dos tipos de trabajadores distintos.

 

Al trabajador Alfa, lo podríamos imaginar en un periodo que comprendería desde los sesenta hasta el principio de los ochenta. Su entrada en la empresa (y usando varios puntos de vista), se debió de producir cuando el sujeto analizado aún era un prototipo de adolescente, entraría como aprendiz o como chico de los recados repartiendo la mensajería por los numerosos pisos del inmueble al estilo Aristóteles Onassis, y poco a poco, esfuerzo a esfuerzo, iría escalando hacia la cima; empezaría aprendiendo del señor Thomson, discutiendo con Benjamin el de contabilidad y acabaría asentándose en la séptima planta, en el departamento de compras, a dónde llegaría después de preparar (y aprobar) una oposición de la empresa. No podría estar más orgulloso.

 

OficinaAl sujeto Omega, la verdad, el camino no le resultó tan largo como al individuo anterior, pero esto no supone que sea menos laborioso. Podemos imaginárnoslo estudiando una carrera (o dos), un máster (o dos) y unas cuantas decenas de cursos de formación después de los cuales el candidato llegaría a la empresa, pero no a la planta séptima; no nos equivoquemos. Creo recordar que llegó con una beca, o algo similar, a la planta segunda; una vez finalizada está, vendrían otras tres (no becas en si, sino como unos convenios de colaboración entre las administraciones para fomentar el asentamiento de conocimientos y gestión del talento de jóvenes desempleados…o algo parecido, pero con un nombre más lustroso, de esos que quedan bien en cualquier cartel de la Consellería de Traballo…). Finalizadas las mismas, llegaría el primer contrato con la empresa… a través de ETT, aunque después vendrían otros por maternidad, circunstancias de la producción, de relevo… hasta que alguien se percató que no podía seguir así. Lo echaron (ya que estaba concatenando de manera peligrosa varios contratos temporales). Meses después decidieron hacerle un contrato (más que nada porque desgravaba a la Seguridad Social) y lo remitieron, eso sí, a la séptima planta.

 

Pues así, como quien no quiere la cosa, los individuos se encuentran. Esto podía ser el inicio de una extraña amistad o de una extraña pareja; pero no fue así. El ciudadano Alfa y el ciudadano Omega fueron engullidos por la crisis, por la desaceleración, de la coyuntura socio-económica del momento: la séptima planta cerró. Y con ellos se fueron dos tipos de trabajadores, para no volver más.

 

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