El orgasmo del logaritmo neperiano

Acabo de ver una noticia en la prensa que me acaba de enervar. Y eso que no soy mucho de indignarme, soy más de resignarme, ya que requiere menos esfuerzo y no estamos para malgastar energías. La noticia, así de forma sucinta, señalaba que ante el gran número de desempleados menores de 25 años que carecían de la E.S.O el Gobierno estaba estudiando la puesta en marcha de un programa específico y una ayuda económica para que los jóvenes parados con baja cualificación puedan reanudar de forma voluntaria su proceso de formación.

Bien es cierto que últimamente mi capacidad de percepción se ha visto minorada por mi larga estadía en el desempleo; pero quiero apercibir en estas palabras en cursiva que lo que pretende la Administración no es otra cosa que “pagar por estudiar”. Horror.

BMWVale, puedo entender que existe un gran número de desempleados que prefirió dejar los estudios e irse a la obra; que optaron por ganar cuantiosas cantidades de dinero por un trabajo de baja especialización mientras los tontos continuábamos apostando por la formación; que decidieron adquirir un coche de alta gama (en mi zona estaban de moda los BMW) mientras los incautos optamos por invertir hasta el último céntimo en la universidad; que se esforzaban en consumir las últimas drogas de diseño los fines de semana (¿se puede decir esto?), mientras los faltos de entendimiento nos peleábamos con textos sobre la “felicidad en el trabajo” o las teorías del liderazgo. Puedo entenderlo, lo que no puedo admitir es que se premie la ignorancia.

Claro, hay que ser comprensivos con esos jóvenes, engullidos por la burbuja inmobiliaria; que buscaban los mejor para sí mismos, y fueron incapaces de imponerse antes los designios del futuro. JA JA JA. Nunca me he creído que nuestro destino esté escrito en piedra; no son los dioses quienes lo deciden; somos nosotros. Por mucho poder que tenga el entorno, unos principios firmes no lo pueden doblegar. Edipo, pese a lo que nos contaron, pudo diseñar su futuro.

Otras teorías que se escuchan, vienen de los tutores de los menores que dejaron su formación a medias. Nunca le gustó estudiar. ¿Perdón? Si el niño nunca disfrutó estudiando. Vamos, que yo recuerde nunca he llegado a la excitación estudiando las características del teatro posibilista de los cincuenta o alcanzado el orgasmo mientras calculaba un logaritmo neperiano (puede que existe gente que lo consiguiera, pero no es mi caso) Si desde pequeños nos enseñan que lo que no nos gusta, lo podemos abandonar… que podemos esperar. ¿Qué entiendan que hay algo que se llame esfuerzo para conseguir los objetivos? No creo.

Llegados a este punto; ustedes verán excesivos mis comentarios. Se forjaran en su mente la idea de un joven desesperado que optó por estudiar y ahora no tienen empleo. Puede ser. Pero yo soy de los que prefiere el medio plazo al corto. Y sé que mis esfuerzos por adquirir una formación y con ello unas competencias, se verán recompensadas. Otros, más cortoplacistas, verán cómo se quedan sin expectativas y sin nada, bueno sí, con un salario por estudiar y un no tan flamante BMW a la puerta.

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