Las niñas sí quieren ser princesas… del pueblo.

Hace unos años se le preguntaba a una mujer en televisión si le gustaría que su hija se pareciese a Belén Esteban (todo esto en un tono cómico), ella observó a su interlocutora y respondió que sí (en  tono afirmativo) mientras en su mirada vidriosa se dibujaba la esperanza y el deseo.

No puedo decir que me sorprendiese, más lo haría si la señora comentase que prefería que su hija aspirase a ser la Margarita Salas o  la María Zambrano de la década, pero no fue así.

Los referentes son fundamentales para el desarrollo físico y mental de todos y cada uno de nosotros; buscar un espejo en el que reflejarnos nos puede ayudar a crecer como personas y como profesionales; el problema viene cuando el “ídolo” seleccionado no es del todo adecuado.

zapatoDurante muchos años (y hoy en día sigue siendo igual), el referente para muchos de nuestros conciudadanos no son sujetos que transpiren los principios y valores que querríamos en la organización. Vivimos en el país de los poceros de Seseña, de los deportistas analfabetos, de las princesas del pueblo, de los paquirrines y de los rafas moras (no lo busquen en la Wikipedia, a día de hoy no tiene entrada en la misma); en el país en dónde se admira y venera al corrupto, la vago con suerte, al cañi de la dolce far niente, a la choni con BMW a la puerta, al que vive de rentas…

Sí, lo admito, parezco un indignado envidioso poseído por el espíritu de ancianos cascarrabias; pero, ¿no es más cierto una parte mínima de nuestra crisis no es parte de una crisis del esfuerzo individual? Mirando las estadísticas, vemos que cerca de un millón de parados menos de 30 años no tienen los estudios básicos (en mis tiempos la E.S.O.); puedo entender que parte de los mismos fueran engullidos por el celebérrimo Boom de la construcción… pero parte de ellos fueron víctimas de la banalización del esfuerzo y del trabajo (“al niño no le gusta estudiar…” vamos que a mí me llevaba al éxtasis localizar el sujeto elípticos de una frase).

De la crisis saldremos (espero), de la crisis del esfuerzo nos llevará mucho más tiempo; no se trata de “trabajar más y ganar menos” como indicó el preso más célebre de Alcalá-Meco, sino que se trata de inculcar que el trabajo constante, paciente y continuo, nos llevará a alcanzar el objetivo deseado. Debemos concienciarnos que para llegar del punto A al punto B, tendremos que dibujar una línea recta cargada de sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Si esto les funcionó a los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, ¿por qué no nos puede valer a nosotros?

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