El efecto O’Hara

No sé si se acuerdan de la mítica escena de la película Lo que el viento se llevó, en dónde Scarlett, tras su regreso a Tara, descubre que ésta fue arrasada por el ejército yanqui. El resultado de esta visión, fue la mítica frase de la protagonista a los pies de un viejo árbol, con el puño en alto y las sombras de la finca familiar al fondo: “Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre”.

En ese momento, la actitud de la protagonista que pasaba por ser caprichosa y consentida, se transformó por completo y se cargó a sus hombros la responsabilidad de sacar adelanta a la familia, a la plantación y a ella misma. El porqué de este comportamiento tiene una explicación psicológica: RESILIENCIA.

Los expertos en la materia definen este concepto como la capacidad de desarrollar un mecanismo de protección y adaptación del individuo ante situaciones adversas tales como  la incertidumbre, el conflicto, el fracaso o las desgracias. De una forma más gráfica, hay autores que indican que la no es la capacidad de salir ileso de una batalla, sino para salir vencedor.

                El ser humano es imprevisible, podemos intuir como reaccionaremos ante situaciones adversas, pero nunca podremos afirmar que ese será nuestro comportamiento definitivo. En una sociedad en donde cada paso está planificado al milímetro o cada acción está definida en su manual correspondiente, no se prepara a sus ciudadanos ante la incertidumbre.

                Dentro de los recursos humanos, debemos preguntarnos si podemos formar a los trabajadores para que adopten una actitud resiliente ante los inconvenientes, o si por el contrario, debemos detectar esta capacidad en el proceso de selección. En una realidad cada vez más cambiante, más rápida y cada vez más cruel debemos estar preparados, no sólo para superar los problemas, sino para sobreponernos de los mismos y remar con cada vez más fuerza con el fin de lograr las metas comunes.

                La supervivencia está dentro de nosotros mismos, nuestro es el poder de seguir adelante, con más fuerza, más ganas y sin temor a volvernos a hundir o ver como las llamas van devorando poco a poco Tara ante nuestra impasibilidad.

                Víctor Vale

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