Fly me to the moon

Una de las cosas que siempre repiten en cursos de motivación (y que aún no he comprobado tácitamente), es que en los procesos de selección de futuros astronautas se acostumbra a medir el optimismo de los candidatos.

Sea verdad o no, lo que sí que tiene es su lógica. Acaso se pueden imaginar subidos a un cohete y que su compañero de viaje empiece a musitar entrecortadamente que esto es un error, que las piezas importadas son de pésima calidad o que la misión es un suicidio…

Lejos de la anécdota, estudios corroboran que el positivismo es importante, no sólo para la NASA, sino también para nuestra propia organización. Partiendo de la base que un trabajador optimista y positivo (y las emociones vinculadas al mismo) tienen una influencia directa en el bienestar y el ambiente de trabajo; debemos plantearnos si en realidad tendríamos que medir esta variable en los procesos de selección.

En multitud de investigaciones señala que el optimismo se vincula directamente con la felicidad, la esperanza, la fe, la confianza, la alegría y la euforia; todos ellos elementos claves para conseguir un buen desarrollo laboral y personal. Es más,  existe una serie de estudios que relacionan directamente este tipo de emociones con la aparición de variables potenciadoras de salud, bienestar y crecimiento personal. Por otra banda, también existen un grupo de teorías  que relacionan al pesimismo con la presencia de un mayor deterior de la salud y del bienestar [los pesimistas tienen ocho veces más posibilidades de deprimirse cuando se presentan contratiempos, rinden menos en sus estudios, en los deportes y en la mayoría de trabajos, tienen peor estado de salud, disfrutan de una vida más corta y, lo peor, mantienen relaciones interpersonales más inestables… (unas joyas vamos, como para tenerlos cerca)]

El positivismo en el mundo laboral, han pasado del desconocimiento a ser el último grito entre los expertos en RRHH (y más aún con el clima social en el que nos movemos); saber buscar y encontrar empleados que sean capaces, no sólo de ver la luz al final del túnel, sino también en convencerse y convencer a los demás de que sí es posible alcanzarla, puede ser fundamental para nuestra organización.

El optimismo es algo innato, pero puedo potenciarse si usamos las herramientas adecuadas, puede llevar tiempo, puede llevar dinero, pero los resultados, aunque en la mayoría de los casos no sean tangibles; nos ayudarán a crecer como organización

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