La mala peli de los sábados por la tarde

Los telefilms americanos que se emiten los sábados por la tarde son malos, y cuando digo malos es malos. Sus tramas son muy simples, sus protagonistas muy planos y las localizaciones muy american way of life.

Desde el segundo número uno, el espectador ya puede prever cómo acabará la película: Sarah conseguirá el amor de John después de la trágica muerte de Deborah mientras conducía una carrilana cuando iba a descubrir el misterio que hay detrás del robo en la casita del lago.

Lo dicho, son muy simples en su totalidad, pero aún así, siempre se puede aprender algo. Puedes descubrir como Sarah, después de acabar el High School, se fue a la University de Alabama, en donde se graduó en veterinaria, comenzando a ejercer en West Viginia hasta que se decidió dar un cambio en su vida, mudándose a una pequeña localidad de la periferia de Boston. John, por su parte, antes de volver a su localidad natal, decidió recorrer EEUU, en dónde ejerció de fontanero en Houston, electricista en Denver y frutero en New Mexico.

Lo sorprendente de esta película, no es la adaptabilidad de John a los diferentes empleos, o la capacidad de Sarah para hacer mudanzas, sino como, dentro de su fuero interno, los estadounidenses tienen asumido el concepto de movilidad, de irse fuera del hogar familiar, para crecer como profesional.

Si lo comparamos con el comportamiento de los llamados trabajadores en búsqueda activa de empleo de territorio ibérico, nos podemos llevar un chasco, no sólo porque las comparaciones suelen ser odiosas, sino porque dejaría a relucir la inmovilidad del trabajador hispano.

En casa se vive bien, no pensamos en irnos de allí nunca, y encontramos un trabajo en la misma ciudad sería maravilloso, si encontramos empleo en el barrio increíble y si encontramos algo en la misma calle sería el sumum. No queremos salir de nuestro entorno, y sin esto, nunca podremos crecer.

Lejos de la situación de crisis (que también influye), el reparo a desprenderse del seno materno también estaba vigente en épocas de vacas gordas, forma parte de la idiosincrasia del pueblo. Esto es un grave problema, y más grave de lo que parece, ya que sólo consigue desperdiciar el talento y restar posibilidades de desarrollo laboral.

Vivir en el entorno donde has crecido puede ser idílico; tener la comida de mamá en la puerta de al lado puede ser perfecto; pero el inmovilismo nos puede llevar a no encontrar un camino profesional claro, estando obligados a tragarnos la peli del sábado durante mucho mucho tiempo.

Víctor Vale

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