Bolos

En Bowling for Columbine, Michael Moore se adentraba en el universo de las armas de los Estados Unidos de América y en la realidad violenta del país.

En un momento del film, el director realiza una comparación entre EEUU y Canadá; en ella se descubría una cosa interesante: aunque ambos países poseían una tradición en posesión de armas, en uno de ellos (Canadá) el número de muertes ocasionados por las mismas eran infinitamente menor que en el otro (EEUU). La teoría del director del porqué de esta situación era sencilla: el miedo al miedo.

En los canales de noticias estadounidenses, noche tras noche, hacía llegar a los televidentes noticias de violencia, de muerte, de robos, de violaciones, de pánico… el problema no era la noticia en sí (en Canadá también hay asesinatos [menos], robos [menos] y violaciones [menos] que en su vecino del sur), sino cómo se hacía llegar los hechos a la gente.

Los informativos yanquis adornaban el programa con opiniones de vecinos teatralizados, con el uso de música estridente en las cortinillas, con tonos apocalípticos de los presentadores, con el negro porvenir que se cernía sobre la comunidad o con la amenaza de que tú puedes ser el siguiente…  Y así, día tras día, noche tras noche, el espectador medio recibía su chute de miedo, se le insuflaba inseguridad, se le inhalaba  desprotección… haciendo creer al granjero de Wyoming o a la ama de casa de New Hampshire que estaba inseguro, y que sólo ellos y su arma lo podrán defender cuando los comunistas entren en su casa para robar a su bebé.

La política del miedo no es nada nuevo, y tampoco es nada exclusivo de los EEUU… el miedo nos hace débiles, vulnerables, sumisos…y eso lo saben, desde hace mucho tiempo, los generadores de opinión.

Si nos centramos en los recursos humanos y en la realidad que nos toca vivir, podemos observar, en muchas ocasiones, como la situación nos supera, como la desesperación que nos rodea nos impide tomar decisiones, como se nos prohíbe ser arriesgados y como se nos penaliza si somos optimistas. La situación es mala, pero si nos dejamos influenciar por las noticias de la noche, será peor.

Una vez, escuché a cierto divulgador científico, decir que gracias al miedo, hemos podido evolucionar como especie;  pero en la realizar actual, el miedo es una tara para la supervivencia. Necesitamos actuar tan rápido como de rápido evolucionan los problemas. Debemos perder el miedo, pero sin alejarnos de la realidad.

La actualidad es dura y el túnel profundo, pero el miedo no puede dejar que nos paralice y nos acomode en el sofá cada día, para ver como los camellos nos venden su dosis diaria de pánico.

Víctor Vale

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